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El costeño atarbán que embobó a 6,7 millones de cachacos

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La expresión “pastuso”, usada comúnmente en el país como estereotipo despectivo para referirse a personas con una capacidad de raciocinio y actuación absurdas o ilógicas se acuñó en el siglo XIX para estigmatizar la oposición de los habitantes de Pasto a la causa criolla o independentista y su respaldo a la corona española.

Este calificativo o adjetivo, sin embargo, está bien distante de la realidad actual del país y del comportamiento político de los nariñenses. En general la Región del Pacífico, abandonada en buena parte durante siglos por el poder político andino, en los últimos procesos electorales ha dado muestras fehacientes de madurez, de inteligencia y de no dejarse embaucar por “personajes” políticos siniestros de la vida nacional.

Hoy, paradójicamente, si se tuviese que relocalizar la estigmatización del comportamiento absurdo e ininteligente de la población hacia una región específica del país, habría que hacerlo hacia la Región Andina, como acaba de quedar patentizado en los últimos resultados electorales.

Aunque la fama de más “vivos” y embaucadores se atribuye a los antioqueños o “paisas”, lo cierto es que esto último se desvirtúa y se cae con el apoyo electoral de los habitantes de este, de 9 departamentos más y de un Distrito Capital a la aspiración presidencial de un abogado costeño, excéntrico (fantoche), mentiroso, fanfarrón y tramposo que en la propia Costa Atlántica fue derrotado en los 8 departamentos que la constituyen y dónde como se dice coloquialmente “perro no come perro”.

Quien lo creyera, quien en otro tiempo no se habría dudado en calificar como un “corroncho con plata”, de orígenes cuestionables, pasó de la noche a la mañana a volverse para los cachacos un “salvador de la patria”. Ello deja mucho que pensar de los coeficientes de inteligencia de un nada despreciable fragmento de la población andina que pareciera estar convencida que un programa de gobierno de tres (3) tristes páginas y un personaje que nunca ha tenido experiencia alguna en administración pública puede gobernarlos.

Razón tenía Abelardo en análisis efectuados con su círculo de amigos más cercano al afirmar que “la mitad de los cachacos son ignorantes y sanguinarios por naturaleza” y que para seducirlos políticamente no se necesitaba de un complejo número de ideas sino de la simpleza de proponerles aquello que ellos siempre quieren escuchar y hacer: guerra, violencia, muerte y sangre en nombre de principios religiosos de los que carecen. “Véndeles una vida ostentosa, de extravagancias y odios y te los echarás al bolsillo” decía.

En la Colombia Absurda ninguno de los electores del nuevo embaucador se habrá cuestionado sobre ¿Qué tan acorde con un estado de sanidad mental es votar por una persona que, como un Therian, se cree un Tigre y dice ser el “valiente” que los salvará a todos pero se esconde cobardemente detrás de una jaula de vidrio blindado?

Los verdaderos “pastusos” de Colombia, los APETARDOS, están en la Región Andina y son bastantes. Obvio que también en otras regiones hay descerebrados que no tienen ni idea que la Patria son todos los hombres y mujeres de un país y no un grupo de Matones.¡Pobre país!

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