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Un presidente al que no han dejado gobernar

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Los ciudadanos y ciudadanas de a pie han sido testigos de excepción durante los últimos meses de los intentos del gobierno que eligieron para, a través del poder legislativo (congreso), intentar la aprobación de reformas de naturaleza social para beneficio de la población más desfavorecida.

Luego de la aprobación de una reforma tributaria (Ley 2277 de diciembre 13/22) que por primera vez colocó impuestos sobre los más ricos y no sobre los pobres del país y de la reforma pensional (Ley 2381 de julio 16 de 2024), y de los ataques y amenazas a estas dos normas por parte de la Corte Constitucional, la reforma a un deficiente sistema de salud y la reforma laboral han sido objeto de todo tipo de saboteos por representantes y senadores del Centro Democrático, Cambio Radical, el Partido Conservador, el Partido Liberal u los partidos «cristianos» MIRA y Colombia Justa y Libres.

Hundida sin discusión y sin argumentos en la Comisión Séptima del Senado la reforma laboral que devolvía derechos arrebatados a los trabajadores como el de otorgarles contratos a término indefinido (estabilidad en el empleo), y reconocer recargos por trabajo en horario nocturno, en dominicales y festivos, el gobierno presentó ante el congreso una Consulta Popular para ser votada por la ciudadanía y obligar al congreso mediante un mandato obligatorio para expedir la ley que no han querido expedir. No obstante, as través de trampas y triquiñuelas el presidente del congreso, Efraín Cepeda Sarabia, también negó a la gente la posibilidad, en democracia, de decidir su futuro.

Frente a este tipo de actitudes de unos mal llamados «padres de la patria» que ganan más de 48 millones al mes, la única opción que le queda al pueblo no es la de resignarse sino la de entender lo que en el país ocurre, apoyar al presidente y presionar en las calles para que las reformas que los benefician se vuelvan realidad. Lo segundo que necesariamente debe empezar a trabajarse desde ya consiste en castigar en 2026 en las urnas a los partidos y políticos que durante décadas han gobernado en favor de sus intereses y no de los del pueblo. El pueblo no puede ni debe olvidar y debe pasar factura a quienes nunca han pensado en las mayorías pobres del país.

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