No nos llamemos a engaños. 4,4 millones de votos a Senado y una cantidad similar obtenida a nivel territorial (Cámara) constituyen un logro de las mujeres y hombres que se echaron sobre sus hombros la responsabilidad de conducir un proceso, pero también es resultado de un fenómeno político único e indiscutido como Gustavo Petro y de esa enorme capacidad que tiene de conectarse de manera fácil y casi hipnótica con la gente.
De hecho, hoy buena parte de quienes perdieron el respaldo popular en las urnas fueron curiosamente los políticos que de mezquina se le opusieron y pretendieron dañarlo dañando al pueblo y ejerciendo una oposición a las iniciativas gubernamentales a todas luces irracional.
En otras palabras, un gran porcentaje de este triunfo del 8 de marzo de 2026 se escribe con P de Petro y con P de Pueblo y nadie debe auto deslumbrarse, obnubilarse y perder de vista que las curules son del soberano. La humildad y la grandeza para reconocerlo son fundamentales para tener un polo a tierra y evitar dejar de ser consecuentes pues, como Jaime Bateman lo decía, en política puedes equivocarte, pero no dejar de ser consecuente.
No hay tiempo entonces para euforias desmedidas y toca desde ya, dirigentes y bases, ponerse el overol y las botas, caminar juntos y seguir en la dinámica de garantizar barrio a barrio y casa a casa el triunfo de Iván Cepeda a la Presidencia en primera vuelta y no de cualquier forma, sino de manera contundente. Es tiempo de desechar lo que nos separe y de potenciar lo que nos une como sabiamente lo señalara como ideario de unidad Camilo Torres.
Pero más allá de ello es tiempo también de definitivamente aprender de los errores y de dar saltos cualitativos. El Pacto Histórico a pesar de los resultados y de la personería jurídica aún está por construir y en esa construcción, de manera democrática todos deben sentirse partícipes, para que ese sentido de pertenencia individual haga de este proyecto político uno de naturaleza permanente y no uno más de los tantos intentos efímeros que ya antes hemos visto insurgir, debilitarse y desaparecer.
El Pacto Histórico, insisto, no puede ser un partido más. Debe organizarse y no sucumbir en las rivalidades y en comportamientos antropofágicos que nos hagan ver en el otro no al hermano ni al amigo sino a un competidor a desplazar y anular. Parte del triunfo ideológico del neoliberalismo ha sido precisamente instaurar en nuestro inconsciente el chip nocivo de la individualidad y de la competitividad en lugar de la complementariedad y la hermandad. Nos instan a dividirnos para dominarnos.
Tampoco puede, o más bien debe, ser un proyecto que pierda de vista su sentido de medio y se convierta en un fin para reproducir vicios propios de los partidos de derecha como el de perpetuación en la dirección y el control del partido de unos mismos y el aprovechamiento del aparato, por unos pocos, sin darle la posibilidad a nuevos liderazgos de emerger y ser recambio generacional. Bateman resaltaba la importancia fundamental de enseñar no con palabras sino mediante el ejemplo.
Igualmente, el Pacto no debería ser un partido concebido para la coyuntura electoral, es decir, para aparecer y desaparecer al vaivén de procesos eleccionarios. Antes debería tener vida los 365 días del año existan o no elecciones. Es al pueblo a cuyo encuentro hay que ir permanentemente, para tomarle el pulso, auscultarlo, entender o interpretar sus necesidades, intereses y expectativas y llevarlas a los espacios de decisión y poder como auténticos mandatos.
En esa perspectiva sueño con que, rompiendo la lógica perversa y utilitarista de la derecha, sea ahora, con más razón y contra toda lógica, que más veamos a los congresistas electos desplazándose al territorio y aportando de sus ingresos mensuales para mantener una sede permanente en sus espacios de influencia, donde el ciudadano pueda ser atendido, escuchado y asesorado en diferentes temas.
Desde luego, para que todo ello sea posible hay que abrir procesos de inscripción masiva al partido y, obviamente, de carnetización. De organización y juntanza barrial y sectorial. De formación en escuelas permanentes tanto de lo político como de lo público administrativo, en los que los nuevos cuadros encuentren oportunidades de formarse, ser más eficientes y de constituirse en opción para el ejercicio de los cargos públicos y de ejercicio del poder.
No hay que temer a que otros lleguen, nos superen y alcancen lo que nosotros no logramos alcanzar. La mayor contribución del Pacto Histórico a la sociedad debería ser aportar a que las ciudadanías libres dejen de ser un ideal y un punto de partida y se conviertan en un auténtico punto de llegada o telos en términos filosóficos. Creo, rememorando a Allende, que mucho más temprano que tarde deberán abrirse las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
Mentalicémonos: siempre el pueblo será superior a sus dirigentes. En el país nacional, más que en el político están las claves y las respuestas para un mejor porvenir y ejercicio de la política.