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Sin Congreso no hay paraíso para el Pacto Histórico

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Ojalá que no, pero todo apunta a que esa especie de moderno Tribunal de la Inquisición en que se ha convertido el politizado Consejo Nacional Electoral (CNE) podría este lunes, sin argumentos jurídicos verdaderos y de peso -y en una auténtica vía de hecho- anular la inscripción y por ende atentar contra la participación de Iván Cepeda Castro en la Consulta interpartidista del Frente Por la Vida, donde todas las mediciones indican que ganaría amplia y contundentemente.

Con esta decisión, las mismas fuerzas económicas y políticas que controlan tanto el CNE como las decisiones politizadas de la Corte Constitucional y otros tribunales de justicia, conscientes de que están en sus estertores políticos, buscan -conocedores de su enorme poder de corrupción sobre los procesos electorales- intentar frenar o no permitir que en un primer round, como lo es la consulta, Cepeda los destroce y obtenga unos guarismos electorales que lo vuelvan prácticamente invencible en primera vuelta.

Saben perfectamente que mientras en la contienda a Presidencia nada o poco pueden o tienen por hacer, en la disputa por las curules a Cámara y Senado aún poseen la capacidad de incidencia entre los votantes a través de sus maquinarias, y que con sus perfeccionados métodos de corrupción al sufragante pueden proyectar y vender un escenario de conservación del poder local intacto para generar artificialmente la percepción de que Cepeda no cuenta con los votos suficientes que marcan los sondeos y encuestas. En otras palabras, apuntan a introducir una aguja en la confianza popular sobre la superioridad indiscutida de Cepeda que podría, así sea a medias, funcionarles.

Obviamente este movimiento en el tablero de ajedrez político no es improvisado. Está estructurado desde el conocimiento de que por todo lo que el mismo CNE hizo para sabotear el proceso de consulta interna y para la dilación del otorgamiento de la personería jurídica al Pacto Histórico, la campaña a Congreso no arrancó con el suficiente tiempo y fuerza, surgió con contradicciones y pugnas en los territorios que apenas comienzan a superarse; no ha contado con suficientes y oportunos mecanismos de financiación y, peor aún, no ha alcanzado a estar articulada (en los términos y con la dinámica de unidad que se esperaría) con la campaña presidencial. Apuntan además a que, sin tiempos suficientes, la dirigencia del Pacto se distraiga en peleas jurídicas inconducentes dónde sus jueces fallarán a su favor.

Esas debilidades de un partido joven, por ellos mismos propiciadas, buscan ser capitalizadas, como lo están siendo, para que en el peor de los escenarios posibles para la derecha (segunda pérdida consecutiva del Poder Ejecutivo), conservar mayorías en el Poder Legislativo que les permitan, como lo hicieron con Petro, obstruir y sabotear cualquier tipo de reforma que beneficie al pueblo y poder mantener el control de instituciones claves para sus propósitos como el CNE (artículo 264 CN); la Corte Constitucional (artículo 239 CN); la Procuraduría General de la Nación (artículo 276 CN); la Contraloría (artículos 267 – 126 CN) y la Defensoría del Pueblo (artículo 281 CN). (Recomendamos Leer: LA URGENCIA DE GANAR SENADO Y CÁMARA CONTUNDENTEMENTE Y NO DEJAR SÓLO A IVÁN)

En este escenario no descartable de exclusión de Cepeda de la Consulta Interpartidista, lo que menos favorecería e indudablemente impactaría sobre la campaña presidencial del Pacto Histórico serían unos resultados electorales a Senado y Cámara por debajo de los 5 o 6 millones de votantes, o un triunfo que le diera a las fuerzas antagónicas del gobierno mayorías y/o una correlación de fuerzas positivas en el Congreso, adversas a los propósitos de transformación de la sociedad de un segundo gobierno progresista.

De cara a este indeseable episodio que repetiría lo ocurrido en 2022, cuando los colombianos fuimos capaces de elegir un presidente progresista pero le negamos la posibilidad de contar con un congreso favorable a las grandes transformaciones de fondo que el país requiere se hace necesario, en lo que resta hasta el 8 de marzo de 2026, replantear la campaña en términos de entender que un triunfo arrollador en Senado y Cámara nos haría invencibles hacia Presidencia y nos daría verdadera gobernabilidad, pero que una derrota en las elecciones a Congreso afectaría no sólo la campaña presidencial sino las posibilidades futuras de gobernabilidad.

El énfasis de la campaña debe reorientarse urgentemente y en todo sentido, anule o no el CNE la participación de Iván Cepeda en la consulta de este 8 de marzo, hacia ganar en esa misma fecha de manera arrolladora las mayorías en el Congreso que tanto se necesitaron entre 2022 y 2026. Parodiando a Gustavo Bolívar en una de sus obras, podría perfectamente concluirse: SIN MAYORÍAS EN EL CONGRESO NO HAY PARAÍSO

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