A pesar de un congreso conformado por partidos políticos de derecha (Cambio Radical, Centro Democrático, Partido Conservador, Partido de la U, Partido MIRA, Partido Colombia Justa y Libres y Partido Liberal) que hicieron todo lo que estuvo a su alcance para hundir cualquier tipo de reforma o iniciativa que presentara el gobierno en favor de la población más pobre del país (reforma pensional, reforma a la salud, reforma tributaria); de la ayuda que en el proceso de saboteo hicieran miembros de altas cortes y tribunales de justicia, y de la propaganda sucia y permanente efectuada por grandes medios masivos de comunicación, el pueblo demostró que aprendió y ya no traga entero o come cuento.
La narrativa apocalíptica de un presidente maltratando salarialmente a militares y policías y perpetuándose en el poder como un tirano; de un dólar incontrolable en su precio; de estantes sin comida o de productos básicos encarecidos e imposibles de pagar como resultado de una inflación incontrolable; de crecimiento desempleo; de pobreza generalizada; de empresas disminuyendo sus ganancias y de empresarios aterrorizados abandonando el país ha quedado develada como pura carreta, muy a pesar de todo lo que unos pocos, privilegiados siempre, han hecho queriendo desde el deseo y con todo su corazón el fracaso del gobierno de Colombia y su conversión en otra Venezuela.
Lejos de ese escenario y nadando contra corriente, al no haberse entendido por parte de la ciudadanía que elegir un presidente y no rodearlo de un congreso amigo es un acto de suicidio, la gente de a pie valora lo mucho que se ha alcanzado por parte de un presidente todos los días injustamente atacado.
Soldados y policías y trabajadores con salarios que ningún gobierno anterior les había reconocido; dólar a 3.662, es decir, a precios de abril de 2021; comida a precios impensados por una inflación controlada (5,1%); desempleo de un 7% (cifra de un solo dígito que supera a la de 1994); bancos y grandes empresas con ganancias en sus balances; rebaja de los precios de la gasolina y retiro de peajes, son todos indicadores de que la narrativa del desastre no es real y por ello la altísima favorabilidad del presidente y de su partido.
Un gobierno que devolvió derechos y justicia a los trabajadores
Mientras personajes como Álvaro Uribe Vélez, con la complicidad de partidos y congresistas que hoy todo se lo desaprueban al gobierno, arrebataron a los trabajadores derechos tales como los contratos a término indefinido mediante normas como la ley 50 (modificatoria del Decreto 2351 de 1965), para volver el trabajo un negocio rentable para los dueños de bolsas de empleo (Decreto 468 de 1990) y de “Cooperativas” de trabajo (Decreto 4588 de 2006), el gobierno Petro a través de la ley 2466 de 2025, en su artículo 5, devuelve a los trabajadores la seguridad de no ser despedidos en cualquier momento.
Esa misma ley del gobierno actual, también regresó como derecho a los trabajadores lo que la ley 789 de 2002 les había quitado al dejar de reconocerles remuneración especial o recargos nocturnos (artículo 10) y por laborar durante dominicales y festivos (artículo 14). Ello sin mencionar el otorgamiento de mejores condiciones laborales a aprendices como los del SENA (artículo 21); a los internos de medicina (artículo 22); a los trabajadores de plataformas digitales (artículo 24); a empleadas domésticas (artículo 33) y hasta a periodistas y comunicadores sociales (artículo 42).
Logros en materia salarial
Si de algo siempre se quejaron los colombianos del común era que mientras los mal llamados “padres de la patria” ganaban (trabajando por cierto muy poco) grandes sumas de dinero, quienes más duramente laboraban debían resignarse a que el incremento anual del salario mínimo podía contarse año tras año con unos pocos billetes y monedas de baja denominación.
El panorama cambió con el gobierno Petro que a través del Decreto 0030 de 2026 modificó el Decreto 2170 de 2013 (Santos) y eliminó para los congresistas la millonaria prima especial de servicios al tiempo que incrementó el mínimo en un porcentaje histórico de 23% en 2026 (Decreto 1469/25).
Pero, además, cuando se habla de un incremento histórico del salario mínimo por parte del gobierno no nos referimos precisamente a los dos dígitos (23%) de 2026, porque incrementos porcentuales superiores hubo en 1.991, 1992 y 1.993. Hacemos mención, eso sí, a un incremento acumulado en los cuatro años de gobierno de 60,57% que supera en 35,03 puntos porcentuales el aumento de Duque (25,54%); en 17,79% el incremento del 42,78% del gobierno de Santos y en un 7,83% los 52,74% de Uribe, haciendo la claridad que, a diferencia de Petro, que solo contó con un período de gobierno de cuatro años, estos dos últimos expresidentes gobernaron el país durante dos períodos consecutivos (8 años).
Pero yendo un poco más allá, porque hubo gobiernos que tuvieron incrementos salariales porcentuales mayores al 60,57%) de Petro, tales como el de Samper (79,52%) y Gaviria (98,21%) también con IPC elevadísimos, en ningún gobierno desde 1991, o sea hace 35 años, la diferencia entre el incremento salarial generado en el período de gobierno y el IPC causado en ese mismo lapso es marcadamente superior durante el actual gobierno arrojando una cifra de crecimiento del salario, por encima del costo de vida, de 27,87%, lo que indica una recuperación del poder adquisitivo del salario de los trabajadores sin precedentes.
En este panorama sería absolutamente absurdo que los colombianos de a pie optaran políticamente no por profundizar y darle continuidad a cambios y reformas que los benefician y decidieran absurdamente votar por quienes representarían un retroceso y sin duda el inicio de contra reformas que volverían a dejar a los más pobres repitiendo el título de la novela de Álvaro Becerra de “AL PUEBLO NUNCA LE TOCA”. (Ver TABLAS SALARIALES COMPARATIVAS)