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¿Está haciendo el Pacto lo suficiente para garantizar la votación del magisterio?

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A cuarenta y seis (46) días de las elecciones del 8 de marzo de 2026, salvo los candidatos de la extrema derecha que amenazan abiertamente  a la educación pública y a los maestros, ningún candidato del Pacto Histórico está hablándole al magisterio y planteando propuestas con las que se comprometan con este importante sector de la sociedad.

Nadie pareciera percatarse, desde el Pacto Histórico, que el escenario hoy es diametralmente opuesto al del 2022 cuando al unísono la figura y el liderazgo indiscutible de Petro actuaba como factor unificador y cohesionador entre los profesionales de la educación.

Esta falta de lectura de una nueva realidad política en la que el presidente de la central obrera más importante del país (CUT), tres expresidentes de FECODE y dos ejecutivos activos de esa Federación, incluido su actual presidente, hacen parte de la lista al Senado de lo que fuera UNITARIOS, si no hay reacción del lado del Pacto, podría pasar factura en las aspiraciones de que el partido del presidente conquiste más y nuevas curules en el congreso.

Y es que mientras se piensa, equivocadamente, que el solo logo del Pacto tiene per se la capacidad de movilización a las urnas de la ciudadanía, se subestiman las estructuras político-sindicales y la capacidad de las mismas para sobre la base del slogan «maestro vota maestro» seducir a educadores de base, a sus familias y a la población sobre la que estos tienen influencia.

Las maestras y maestros del país, contrariamente a lo que se piensa, tienen innumerables problemas no resueltos, que impactan sobre la realidad educativa y han estado a la expectativa y ávidos de escuchar planteamientos sobre los mismos por parte de quienes aspiran al respaldo popular en las urnas.

No obstante, más allá de simples generalidades no pareciera existir una propuesta estructurada que denote conocimiento de un sector que no fue debidamente atendido por el Gobierno del Cambio pues el mismo, al momento de hablar de educación, limitó el discurso y las iniciativas a lo estrictamente universitario, mientras los maestros y maestras afrontaban, por ejemplo, serios problemas no superados aún y derivados de la implementación de un nuevo modelo de salud.

De alguna forma, pensar de manera generalizante en los más de 300 mil educadores públicos como simples electores cautivos y no como sujetos políticos es una equivocación que podría dificultar la labor ante las bases de los líderes que están con el Pacto y, adicionalmente, podrían pasar factura inesperada en las urnas.

El solo hecho de que varios de los pesos pesados del sindicalismo y del magisterio hoy no estén alinderados como hace cuatro años con el Pacto Histórico, debería ser objeto de un análisis para responderse el por qué y el cómo hoy conforman una lista al congreso que fue en buena parte cooptada por Roy Barreras.

Si no se entiende que los maestros no sólo son electores sino sujetos políticos con credibilidad y capacidad de relacionamiento con sus pares, con sus familias, con egresados y con la ciudadanía, se está subestimando un factor decisivo para los objetivos electorales y políticos del partido del presidente.

Si, además, no hay en los candidatos del Pacto propuestas concretas con la capacidad de representar intereses de sectores sociales y voluntad de adquirir compromisos con estos, sin duda irán a las urnas solo los que más claridad conceptual tengan.

Se requiere por tanto que Iván Cepeda que hace cuatro años en su cuenta de twitter decía «cuenten conmigo» frente a la iniciativa de un Pacto por la Educación hoy honre su palabra y asuma ese compromiso al igual que los candidatos a Senado y Cámara.

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